Netflix y el Estado marginal

El estreno de la cuarta temporada de El Marginal exclusivamente por Netflix, genera preguntas sobre la marginación del Estado de proyectos propios, y la pérdida de control sobre las narrativas y representaciones de lo local a manos de plataformas globales. 

La serie de temática carcelaria El Marginal (TV Pública, 2016, 2018 y 2019) representó un proyecto de asociación público-privada que atravesó dos gestiones de gobierno de distinto signo político. En septiembre de 2015, meses antes del recambio en la conducción gubernamental, Radio y Televisión Argentina S.E. (RTA S.E.) firmó con Underground Producciones S.A. un contrato de producción para una serie de 30 capítulos de 30 minutos cada uno que se llamaría Crónicas Tumberas, luego reformulada bajo la marca El Marginal en un formato de 13 episodios de 48 minutos. El Estado financió el total de los costos de producción de la primera temporada por $29.045.517 (pesos argentinos, IVA incluido).

A inicios de 2016 la entrante gestión macrista de RTA contrató a Dori Media como agente intermediario para la venta internacional, que ese mismo año licenció la serie a Netflix por cinco años a 60.000 dólares cada episodio, otorgando derechos de distribución exclusivos en todo el mundo y derechos de primera opción de compra para sucesivas temporadas, que la plataforma global efectivizó desde entonces. Para la producción de las temporadas 2 y 3, realizadas durante los años de Cambiemos, el Estado financió a través de Contenidos Públicos S.E., el 73% y 65% de los costos totales, respectivamente, quedando lo restante a cargo de la productora privada. No obstante, la serie, concebida con participación estatal mayoritaria, se fue escurriendo de las manos del Estado hasta quedar completamente privatizada tras el muro de pago de Netflix, lejos del acceso universal para los ciudadanos que la financiaron.

La primera temporada de 13 capítulos se estrenó a mediados de 2016 por la pantalla de la TV Pública. La segunda y tercera temporada, ambas de ocho episodios, se estrenaron por la misma emisora a mediados de 2018 y 2019, respectivamente. La temporada inicial promedió 2,8 puntos de rating, un número discreto y apenas por encima del promedio del canal ese año. Sin embargo, luego de la primera emisión fue licenciada a Netflix, plataforma en que cobró mayor popularidad. De esta forma las temporadas siguientes promediaron 9,7 (2018) y 9,5 (2019) puntos de rating. El estreno de la segunda temporada alcanzó un pico de 11,5 puntos una cifra que la acercó a las primeras posiciones en su franja horaria y representó un hecho inusual y aislado para la fría pantalla del canal estatal.

La firma del contrato con Netflix en 2016 implicó cambios en la forma de distribución y los tiempos de exhibición de la serie en Cont.ar, plataforma pública de video a demanda que funciona dentro de Argentina. Como puede leerse en el contrato entre la empresa Contenidos Públicos S.E, y Underground para la producción de la segunda temporada, luego del estreno de cada episodio en TV abierta, el Estado podría exhibir los episodios en Cont.ar, pero “hasta acumular 5 episodios a la vez, eliminando en cada semana de exhibición el episodio más antiguo para dar entrada al más reciente”, de forma que la serie no estuviera nunca completa on demand en internet, salvo en Netflix. Desde entonces, el contenido se encuentra disponible únicamente para los suscriptores de ese servicio, incluso dentro del territorio argentino.

A su vez, el Estado ya no participa como co-productor de la recién estrenada cuarta temporada, (ni de la quinta, que ya fue rodada) ahora a cargo de Underground (Telemundo) y Netflix, por lo que la continuación y final de la historia podrán versesolo en ese servicio de streaming, sin estreno en la televisión abierta. Telemundo, controlante de Underground, ofreció a la TV Pública prioridad para emitir la cuarta temporada en abierto pero en condiciones prohibitivas para las cuentas de la emisora. Según el ofrecimiento, el canal debía pagar 75.000 dólares por capítulo (600.000 dólares en total), por una única pasada a estrenar recién en abril de 2022, es decir 90 días después del lanzamiento en la plataforma.

La pérdida de control sobre un contenido audiovisual otrora público y local a manos de una plataforma global, impacta no solo en su acceso universal, sino también en los aspectos narrativos. Si bien desde la primera emisión la serie retrató con dureza la vida de reclusos en una cárcel de Buenos Aires, la internacionalización vía Netflix introdujo una propuesta estilística hiperbolizada con un incremento notable de la estereotipación de los personajes y de la violencia carcelaria.

Según analiza la doctora Mónica Kirchheimer del Observatorio Iberoamericano de la Ficción Televisiva (Obitel), tras el ingreso al catálogo de Netflix la serie acentuó sus valores de calidad de producción y también la presentación y el desarrollo explícito de la violencia. Esto, señala la especialista, “ubica a la ficción en el concierto de la oferta latinoamericana, que en el catálogo de la empresa es una reafirmación de prejuicios, convirtiéndose en un relato for export que confirma los lugares comunes sobre Latinoamérica”.

El caso invita a pensar en los resultados virtuosos de la articulación público-privado para producir contenidos audiovisuales de calidad, al tiempo que pone en discusión la necesidad/posibilidad de realizar acuerdos que aseguren el acceso universal a esos contenidos, y un tratamiento de las representaciones y narrativas que no solo respondan a las necesidades de distribución internacional de los productos.

Nota publicada originalmente en Página/12

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